El agua es un elemento esencial de la naturaleza, es fundamental para la vida del hombre, de los animales y de las plantas. Es uno de los pocos elementos sin los cuales no podría mantenerse la vida en el planeta.
Según la Organización Mundial de la Salud el agua
está contaminada “cuando su composición se haya modificado de modo que no reúna
las condiciones necesarias para el uso, al que se le hubiera destinado en su
estado natural”. El agua que procede de ríos, lagos y quebradas es objeto de
una severa contaminación, muchas veces producto de las actividades del hombre.
Esta se produce a través de la introducción directa o indirecta en los
acuíferos o cauces de agua de diversas sustancias que pueden ser consideradas
como contaminantes. Los ecosistemas tienen la capacidad de limpiarse si reciben
pequeñas cantidades de contaminantes, y retomar el equilibrio. El problema comienza cuando los
contaminantes superan la capacidad de absorción del sistema.
Las fuentes de contaminación son resultados
indirectos de las actividades domésticas, industriales o agrícolas. Ríos,
canales y lagos son contaminados por los desechos del alcantarillado, desechos
industriales, detergentes, abonos y pesticidas que escurren de las tierras
agrícolas.

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